
- Historias
Salud mental en el entorno laboral
Este post no tendría que estar aquí. De hecho, el siguiente que iba a publicar era el del lanzamiento de Chat España, que ya está disponible en versión web, aplicación para Android e instalador para Windows. Ese era el post que tocaba, pero creo que hay cosas más importantes de las que hablar.
Hoy no vengo a hablar de programación, ni de mis proyectos, ni de tecnología. Hoy quiero hablar de salud, concretamente de salud mental.
Si con este post consigo que una sola persona se dé cuenta de que está en una situación parecida a la que he vivido yo y tome una decisión antes de que sea demasiado tarde, habrá merecido la pena escribirlo.
Nunca pongáis vuestro trabajo por delante de vuestra salud. En mi caso ha sido la salud mental, pero podría haber sido perfectamente la física. Al final, el cuerpo siempre encuentra la manera de decirte que algo no va bien.
Tengo claro que para una empresa somos un número. Y no lo digo con rencor; las empresas no son una ONG, tienen que ganar dinero y eso es completamente normal. El problema aparece cuando ese objetivo acaba estando por encima de las personas, ya sea de forma consciente o inconsciente. Poco a poco te van apretando más, van apareciendo situaciones que vas soportando porque piensas que podrás con ellas, porque crees que es una mala racha o porque simplemente necesitas aguantar un poco más. Esa presión puede venir de superiores, de compañeros o, simplemente, de una mala gestión.
Evidentemente, escribo esto porque me ha pasado.
Llevaba meses sabiendo perfectamente lo que me estaba ocurriendo. Tenía muy identificado el origen del problema y también por qué me estaba afectando tanto. Aun así, por circunstancias personales, necesitaba aguantar unos meses más. Dentro de poco voy a ser padre y dejar el trabajo o cambiar de empresa en ese momento me parecía una decisión demasiado arriesgada. Así que seguí adelante pensando que podría resistir un poco más.
Pero el cuerpo tiene un límite.
Ayer estaba sentado haciendo algo que no tenía absolutamente nada que ver con el trabajo cuando empecé a encontrarme un poco mareado. Lo siguiente que recuerdo es despertarme tumbado en una colchoneta, rodeado de médicos haciéndome pruebas. Había sufrido un síncope. Por lo que me contaron después, perdí el conocimiento, tuve vómitos y fue un buen susto para todos los que estaban allí.
Y ahí fue cuando entendí que había llegado demasiado lejos.
Mientras tanto, la empresa sigue adelante. El proyecto continúa y lo único importante es que salga adelante. Sin embargo, el que ahora tiene que recuperarse soy yo. El que tiene que convivir con la ansiedad soy yo. El que necesita medicación para poder gestionar todo esto soy yo. Y eso es lo realmente duro de esta situación.
Quiero dejar una cosa muy clara porque no me gustaría que se malinterpretara este post: esto no me ha quitado las ganas de programar. Me sigue encantando desarrollar software y seguiré dedicando tiempo a mis proyectos personales con la misma ilusión de siempre. Evidentemente hay días en los que me apetece más programar y otros en los que me apetece menos, igual que unos días te apetece leer un libro y otros no. Eso es completamente normal. Lo importante es que nunca he perdido la ilusión por programar. El problema no era la programación, era todo lo que había alrededor.
No escribo esto para dar pena ni para buscar culpables. Lo escribo porque muchas veces pensamos que podemos aguantar un poco más. Que ya pasará. Que cuando termine ese proyecto todo mejorará. Que solo son unas semanas difíciles.
Yo también pensaba eso.
Y al final fue mi cuerpo el que decidió por mí.
Si alguna vez os encontráis en una situación parecida y tenéis la oportunidad de salir de ella, hacedlo. Da igual el sueldo, el puesto o la responsabilidad que tengáis. Nada de eso compensa perder la salud. Ningún trabajo merece que acabes pagando un precio así.
Siempre me he considerado una persona mentalmente fuerte. Nunca pensé que pudiera verme en una situación como esta. Pero al final da igual lo fuerte que seas: cuando la presión se mantiene durante demasiado tiempo, todos tenemos un límite.
Cuidad vuestra salud. De verdad.
Porque el trabajo se puede cambiar.
La salud, muchas veces, no.
¡Saludos, terrícola! 🖖





